Diario de grabación (día 13)

El lunes pasado empecé a grabar el bajo con Kunta Kinte.

«¿Y eso a mí qué coño me importa», os preguntaréis. Y yo os respondo: necesitáis saberlo, la humanidad debe saberlo. Vosotros aún no sabéis que lo necesitáis saber. No sé si me explico…

Gracias a las redes sociales de mis compañeros de farándula he descubierto lo importante que es que yo cuente mi apasionante proceso de grabación. Esos siete directos al día en instagram, esas cuarenta fotos en Tarifa en plan #beyourself, esos flamantes cuatro nuevos singles, esos ‘bolos’ ampliamente documentados y, por supuesto, esas múltiples quejas de los pocos ‘bolos’ que hay y de lo jodido que es ser músico en estos tiempos de mierda que nos ha tocado vivir.

Así que me he dicho: «qué cojones, voy a contar al mundo cómo va la grabación de mi flamante pero precario próximo disco». Porque el mundo necesita esta información vital.

Pues, como decía, he empezado a grabar el bajo con Kunta Kinte… Lo adquirí a bajo coste, pero es efectivo si hace lo que yo le digo. No se queja cuando lo toco. Y eso que no soy especialista en la materia. Aunque he de reconocer que he tardado un tiempecillo a ponerme a grabar el puñetero bajo. La verdad, no sé cómo mis amigos músicos tienen tiempo para ser tan productivos. Yo para grabar cualquier cosa más o menos decente tengo primero que desintoxicarme, mentalizarme, pelearme conmigo mismo, reconciliarme, recordar dónde dejé aparcado el coche, etc. Pero por fin el lunes, después de estar varias horas comprobando niveles de señal, ruido y mil movidas más de las que luego nadie se da cuenta, me decidí a ponerme manos a la obra. Ahí grabando con Kunta Kinte en el estudio.

Primero empecé tocando con los dedos índice y medio, en plan cool, en plan «cómo mola ser bajista». Luego me di cuenta de que la cosa no funcionaba. Así que me dije, «qué cojones, Sting toca el bajo con el pulgar». Y si el puto Sting toca el bajo con el pulgar, yo también tengo derecho a tocar el bajo con el pulgar por mucho que se rían de mí por tocar el bajo con el pulgar. A Kunta Kinte no pareció importarle demasiado. Tampoco tiene derecho a opinar, de todas formas. Pero soy majo.

Para qué nos vamos a engañar, los guitarristas no tenemos ni puta idea de tocar el bajo. Así que a pesar de haberme tirado semanas escuchando los discos de Otis Redding, Amy Winehouse, Black Keys y White Stripes para ver cómo estaba grabado el bajo, al final estoy grabándolo con púa. En ninguno de esos discos tocaron el bajo con púa, pero bueno… Excepto en los disco de White Stripes, que ni siquiera tienen bajo (cosa de la que debería de haberme dado cuenta una semana antes).

Luego me llamó mi amigo Milton para tomarnos unas cañas y me estuvo invitando toda la noche. Unas cuarenta en total aproximadamente. Como agradecimiento, le dije que le iba a mencionar me mi ‘diario de grabación’. Cosa de la que naturalmente él no se acuerda. Tampoco se acuerda de que el arreglo de batera de la intro de esta canción se lo inventó él en un mugriento local de ensayo hace unos 15 o 20 años. Normal que no se acuerde por otra parte, con las cosas raras que tomábamos entonces.

Cuando regresé a casa, os juro que intenté seguir con la grabación a pesar de la considerable intoxicación etílica. Porque por encima de todo soy un profesional. Tras 20 minutos comprobé que no había manera posible de hacer una toma. Así que dejé a Kunta Kinte descansar tranquilo después de una jornada de explotación laboral.

Y me puse a ver Expediente X, que es como verla por primera vez. Porque está más en boga que nunca. En serio, vivimos engañados en esta sociedad de mierda. El gobierno y la Liga Nacional de Fútbol nos controlan la mente. Y la Agente Skully tiene bastante morbo. No me acordaba de ese detalle.

Mi entrañable bajo Kunta Kinte se quedó dormido. Es el bajo de la foto. Mi amigo Edu Sánchez —que desde que dejó la música tiene mucho más dinero que yo— me dijo hace tiempo que todo buen guitarrista ha de ponerle nombres a sus guitarras. Así que mi guitarra clásica se llama Alba, mi eléctrica se llama Luna y mi acústica se llama Adelita. El bajo Ibanez de color negro se llama Kunta Kinte por razones obvias.

Y esto es todo lo que tengo que decir sobre este asunto. Por ahora.